La edad de oro de las webseries

La industria audiovisual mundial ha vivido una revolución en estos últimos años. Varios han sido los factores que han contribuido a ello: el surgimiento de Internet es, seguramente, uno de los más importantes, pero también la aparición de pantallas de consumo individual como las tablets y los smartphones. Este cambio de paradigma ha venido acompañado de un descenso acusado de espectadores en el cine y un auge sin igual de las series de televisión. Es lo que algunos autores han definido como la tercera edad de oro de las series de televisión.

Las razones de este fenómeno son muchas, pero se puede destacar como una de las más importantes la calidad de lo que se cuenta y cómo se cuenta: historias complejas y adultas, con un estándar de producción muy alto y que, además, permiten un consumo muy fácil: se pueden ver en cualquier pantalla y en cualquier momento.

Y si en la época dorada del cine, todo el mundo quería hacer un cortometraje, en la actualidad, todo el mundo quiere hacer su serie y aquí es donde nace el fenómeno de las webseries: series concebidas solo para su emisión en Internet y que, en la mayoría de los casos, están realizadas por gente joven que encuentra esta forma de narrar como el mejor vehículo para poder expresarse y para dar sus primeros pasos en el audiovisual.

La evolución de estas producciones ha sido tan rápida y compleja que ahora tenemos series de emisión solo en Internet con presupuestos tan altos como los que tienen las series de Netflix, pero al margen de este mundo que siguen controlando las grandes corporaciones, el mundo de las webseries se ha convertido en un maravilloso lugar de experimentación en el que se encuentran todo tipo de géneros y formatos, donde conviven desde la comedia más disparatada hasta los experimentos narrativos más vanguardistas.

Series clásicas como Malviviendo o Cálico electrónico, fenómenos como Paquita Salas, series internacionales como The Gay and Wondrous Life of Caleb Gallo, o Subway: The series. El listado sería interminable. Lo mejor es zambullirse por la red y disfrutar de esta explosión de creatividad que, con una cámara y un poco de ingenio, está al alcance de cualquiera.

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